Que se vaya tanta gente importante, o que se los lleven, me preocupa. Entiendo su amor por la belleza igual al mío...y ¿por qué debería ser yo más puro? Tampoco nos llevarán por una piedra o un desequilibrio, sino por la suma de montañas o un gran desorden, o eso quiero creer, porque al final he creído más en esto que al principio: mis expectativas fueron quizás ninguna. Debería admitir la multitud de sabores, incluso los que nos transportan. También los brillos, hasta los Inteligentes. Qué decir de los sobreesfuerzos que han hecho que se yergan bastos imperios dedicados a lo desconocido. Por lo que ha subido tanto como por lo que se ha adentrado hasta lo inimaginable. La explosión controlada y el fuego lento al que se cocina el cocido maragato. O los fractales del brocoli, la paciencia y la genética que produce tal o cual vegetal (y dios en ellos), el graznido de la rapaz, el automatismo del bosque. Las dudas perennes del hombre y los filósofos perdidos en busca de sentidos, los suyos propios, o los grandes autores que hacen más grande todo. Sí, no se puede tener miedo a morir cuando he aspirado cada jugo hasta que me lo he permitido, que si alguien potente me preguntara alguna vez: creo que seguiría hasta caer disuelto por mis propios ácidos...el sentimiento contrario es fruto de lo de fuera y del cansancio...
El testimonio de mi conciencia, es para mí de mayor precio que todos los discursos de los hombres, pues las experiencias vividas jamás las olvidaremos, indistintamente de lo que piensen los demás, pues hay enfermedades del alma más perniciosas que las del cuerpo.
ResponderEliminarGracias Carmen por adentrarte un poquito es esta esquina de pocos. Deduje que venimos a la vida para sentir, incluso más en el cuerpo. Hay que despertar a la vida, caer, sangrar. Los que vivimos más en los pensamientos perdemos algo importante que es la experiencia: de aquí un poco este escrito. Por otro lado, la gran incertidumbre de por qué se van antes los buenos, o eso parece...y la gran duda de la muerte. Pero lo más importante en este escrito: el amor a la vida pese a todo. Un abrazo grande!
EliminarTe iré leyendo.
ResponderEliminarEsa incógnita queda en el aire, con innumerables respuestas, algunas al azar y sin base moral alguna, porque científica no existe. De pronto aparecen presencias, como si las trajese el viento o la memoria y reconocemos cosas perdidas en el tiempo. Tal vez sean nuestras, aunque no tengan rostro, tal vez la muerte se acercó a la vida y ya no encontramos explicaciones. Yo me rebano la cabeza ignorando si quieren avisarme de algo futuro o, simplemente, busca un perdón mío o de ellos. Después se esfuman dejando una soledad en mi alma. Tras mucho pensar llego a la conclusión de que todo cabe en la vida, los silencios y las palabras, el bien y el mal. Todo lo llevamos a cuestas y puede llegar a enfermarnos.
Entiendo que somos una amalgama de vivencias: las pasadas, las presentes...pero también las de nuestros padres, abuelos, bisabuelos...todo está aunque no podamos verlo. Las presencias informan, sólo hay que estar receptivo para entender. Todo cabe en la vida. Cuando las presencias o las informaciones pesan, debemos observarlas tranquilamente desde arriba, sin prisa, sin miedo, porque descifrar es parte de lo que algunos hemos venido a hacer...y luego escribir...
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