…Desnudo.
Desnudo atravesé la pesada puerta de madera que daba paso a la noche. Salí
fuera. Me adentré sin miedo entre los árboles, y, cuando se abrió un claro en
el bosque, cuando tuve frente a mí a la Dama de la Noche, grité como loco todas
mis desventuras. La luna pareció agrietarse y, posteriormente, disolverse
frente a mi fuego…Había matado a la luna y, contra mí mismo, me había convertido
en el más solitario errante.
Cuando desperté no se movía
nada en la cuadra, en la casa. Pero oía fuera a la cigarra. Entonces, ¿es de
noche o de día? ¿Cuándo canta el grillo y cuándo la cigarra? Ensimismado y
absurdo, encendí una cafetera y un pitillo, y después de despedirme de lo que
tanto había amado, calcé la montura a Lázaro y salí dispuesto a no volver.
Pasaron entre tres u once
días, no me quedaba muy claro. La única meta: ascender la montaña, ni tan
siquiera su cima. Estaba tan desesperado que ya no me importaba llegar arriba,
sólo el camino. Así, llegué a lo más alto sin tampoco haber pensado en el
trayecto. O demasiado bueno o muy vacío…pero llegué, dondequiera que fuese,
inhóspito, intranquilo, frío: Pueblo de montaña, montaña fértil e iluminada por
los rayos de la noche. Arribé, quizás por el norte, y tras pasar un portal que
llamaban de San Roque, caí rendido, exhausto, a los pies de algún sitio.
Me despertó la alondra, o tal
vez el canto de una sirena, pues, tras mis párpados, como si fuera la magia más
pura, apareció ella…
Dicen que tras la muerte se
continúa, y yo doy fe de ello: cuando me entregué a la muerte, Lidia me aupó
completo y me trajo de nuevo a la vida…
Me desperté en su cama y todo
olía a canela: las sábanas, el aire, los libros, las puertas…A mí me seducía el
silencio, y a Lidia: el jolgorio, el ruido, salir y las puertas...¡Salgamos a
atravesarlas! ¡Vamos a recorrer el pueblo! ¡Al mercado, al lavadero y hasta La Portera
donde a beber nos reunamos!
En círculo y tirado del brazo cual niño que no
quiere ir a la escuela, recorrimos los portales, las puertas: Teruel, Postigo,
Hospital y San Cristóbal. Agotado, me senté en el suelo dispuesto a no seguir…¡Pues
menos mal que sólo son cinco de siete las que el tiempo respeta! -dijo Lidia
con toda su entereza-.
…Para albergar a los emigrados
o para abrigar a los que se quedan. Levantaron muros, piedras. Creyeron que en un
vacío crecería una fortaleza, y así fue: ¡Mosqueruela! Dos, tres…hasta siete
siglos trabajando para levantar y mantener siete portales durante los siete
días de la semana, con siete horas de luz y siete hasta que se apagara.
Ahora ya sé que algo me
ilumina, que alguien me guía: desperté del sueño a la realidad de la vida. Vine
aquí huyendo del dolor, arrastrado. Fueron las estrellas o un destino soñado. No
merezco lo que recibo, porque: amor, viento y tierra, piedra y naturaleza, vida
que vuela, cactus y rosaledas, agua escondida, asfalto inclinado, son más de lo
que pretendo, son más de lo que mereciera…
Precioso!!!🙌🙌
ResponderEliminarMe gusta mucho, mucho.
ResponderEliminarMe encanta !!
ResponderEliminarMuchísimas Gracias Blanca! Como te comentaba, lo presenté a un concurso en Mosqueruela, pero se olvidaron de revisar el correo y nunca llegó al jurado...Una pena...creo que es bueno. ¡Un abrazo!
ResponderEliminarMe encanta José Luis no era para el concurso en verdad es lo que tú alma te estaba diciendo lo que sentías no? Has vuelto a nacer donde dios destino universo te ha llevado enorqbuena a lo mejor me estoy equivocando por juzgar no lo sé
EliminarMuchas gracias! Pues lo escribí para un concurso de redacción en Mosqueruela, pero no revisaron el correo y nunca llegó al jurado 😩 eso es independiente de cómo escribo: siempre pongo mucho de mí en todo lo que escribo. ¡Un abrazo!
EliminarMuy bueno...no podía ser de otra forma...con tu brillante pluma.
ResponderEliminarGracias Don Blas! Para mí es un escrito con mucha potencia y refleja parte de mi nuevo camino: aprobé la oposición de medicina de primaria y cogí plaza fija aquí, en Mosqueruela. Espero volver a Calatayud cuando los tiempos del Salud lo permitan. ¡Un abrazo!
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