jueves, 20 de agosto de 2026

MOSQUERUELA

 

Desnudo. Desnudo atravesé la pesada puerta de madera que daba paso a la noche. Salí fuera. Me adentré sin miedo entre los árboles, y, cuando se abrió un claro en el bosque, cuando tuve frente a mí a la Dama de la Noche, grité como loco todas mis desventuras. La luna pareció agrietarse y, posteriormente, disolverse frente a mi fuego…Había matado a la luna y, contra mí mismo, me había convertido en el más solitario errante.

 

Cuando desperté no se movía nada en la cuadra, en la casa. Pero oía fuera a la cigarra. Entonces, ¿es de noche o de día? ¿Cuándo canta el grillo y cuándo la cigarra? Ensimismado y absurdo, encendí una cafetera y un pitillo, y después de despedirme de lo que tanto había amado, calcé la montura a Lázaro y salí dispuesto a no volver.

 

Pasaron entre tres u once días, no me quedaba muy claro. La única meta: ascender la montaña, ni tan siquiera su cima. Estaba tan desesperado que ya no me importaba llegar arriba, sólo el camino. Así, llegué a lo más alto sin tampoco haber pensado en el trayecto. O demasiado bueno o muy vacío…pero llegué, dondequiera que fuese, inhóspito, intranquilo, frío: Pueblo de montaña, montaña fértil e iluminada por los rayos de la noche. Arribé, quizás por el norte, y tras pasar un portal que llamaban de San Roque, caí rendido, exhausto, a los pies de algún sitio.

Me despertó la alondra, o tal vez el canto de una sirena, pues, tras mis párpados, como si fuera la magia más pura, apareció ella…

Dicen que tras la muerte se continúa, y yo doy fe de ello: cuando me entregué a la muerte, Lidia me aupó completo y me trajo de nuevo a la vida…

Me desperté en su cama y todo olía a canela: las sábanas, el aire, los libros, las puertas…A mí me seducía el silencio, y a Lidia: el jolgorio, el ruido, salir y las puertas...¡Salgamos a atravesarlas! ¡Vamos a recorrer el pueblo! ¡Al mercado, al lavadero y hasta La Portera donde a beber nos reunamos!

 En círculo y tirado del brazo cual niño que no quiere ir a la escuela, recorrimos los portales, las puertas: Teruel, Postigo, Hospital y San Cristóbal. Agotado, me senté en el suelo dispuesto a no seguir…¡Pues menos mal que sólo son cinco de siete las que el tiempo respeta! -dijo Lidia con toda su entereza-.

 

…Para albergar a los emigrados o para abrigar a los que se quedan. Levantaron muros, piedras. Creyeron que en un vacío crecería una fortaleza, y así fue: ¡Mosqueruela! Dos, tres…hasta siete siglos trabajando para levantar y mantener siete portales durante los siete días de la semana, con siete horas de luz y siete hasta que se apagara.

Ahora ya sé que algo me ilumina, que alguien me guía: desperté del sueño a la realidad de la vida. Vine aquí huyendo del dolor, arrastrado. Fueron las estrellas o un destino soñado. No merezco lo que recibo, porque: amor, viento y tierra, piedra y naturaleza, vida que vuela, cactus y rosaledas, agua escondida, asfalto inclinado, son más de lo que pretendo, son más de lo que mereciera…

8 comentarios:

  1. blanca remacha lozano22 de agosto de 2026 a las 7:36

    Me encanta !!

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  2. Muchísimas Gracias Blanca! Como te comentaba, lo presenté a un concurso en Mosqueruela, pero se olvidaron de revisar el correo y nunca llegó al jurado...Una pena...creo que es bueno. ¡Un abrazo!

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    1. Me encanta José Luis no era para el concurso en verdad es lo que tú alma te estaba diciendo lo que sentías no? Has vuelto a nacer donde dios destino universo te ha llevado enorqbuena a lo mejor me estoy equivocando por juzgar no lo sé

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    2. Muchas gracias! Pues lo escribí para un concurso de redacción en Mosqueruela, pero no revisaron el correo y nunca llegó al jurado 😩 eso es independiente de cómo escribo: siempre pongo mucho de mí en todo lo que escribo. ¡Un abrazo!

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  3. Muy bueno...no podía ser de otra forma...con tu brillante pluma.

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    1. Gracias Don Blas! Para mí es un escrito con mucha potencia y refleja parte de mi nuevo camino: aprobé la oposición de medicina de primaria y cogí plaza fija aquí, en Mosqueruela. Espero volver a Calatayud cuando los tiempos del Salud lo permitan. ¡Un abrazo!

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