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martes, 28 de agosto de 2012

Las Heredadas Enfermedades


Los enfermos nunca se juntan para sanar su enfermedad, sino para compartirla y observarla; ella continúa su curso, silenciosa y malvada, menguando día a día la esperanza de una vida mejor. Así, morimos ahumados en nuestra propia mentira, tristes por no haber encontrado el remedio. Y debería estar tranquilo por ser el médico, por verlo desde fuera, pero no existe antídoto contra lo que no puede verse, tocarse, analizarse o medirse. Las peores enfermedades no están diagnosticadas, todavía, no tienen nombre, como la parálisis de las nuevas generaciones por los miedos transferidos por las generaciones ancestrales, que, buscando prevenir riesgos en las nuevas, acaban siendo, para todos, enfermedades mortales. De momento, sólo tengo la pena de seguir viéndolo aunque con el placer de contemplarlo y pensarlo, porque el único remedio posible es olvidando, un precio demasiado alto (olvidar no es un hecho). ¿Cuánto vale una idea, un pensamiento, para que sea eterna y para seguir creyendo en ella? Aunque fuera el hombre más inteligente del mundo, todavía seguiría dudando…

lunes, 13 de agosto de 2012

Los Dosmiles


Los robots de mi generación somos de lo supuestamente mejor del momento. Podemos hacer operaciones matemáticas y leer, doblar la ropa e incluso cocinar. Las nuevas generaciones son menos teóricas y más prácticas, mientras que nuestros ancestros chirriaban y tenían semividas más cortas. Nosotros poseemos unas calidades vitales de las que ya las nuevas generaciones de robots se han visto desprovistas, como que todaví­a esperamos o recordamos tiempos buenos. Nosotros somos máquinas de comunicación rápida, veloces y ágiles, engrasados con el mejor lubricante. Tenemos tanto que no nos cuesta ceder algo. Podemos sonreír, bailar, conducir y movernos alucinantes hasta el amanecer. No tenemos hambre y prácticamente no necesitamos beber: estamos repletos desde hoy hasta el año siguiente. En cualquier lugar encontramos la energía necesaria y el frío, y el calor en las mantas, bajo las farolas o en las luces de la ciudad que nunca descansa. Descansamos por placer y sufrimos sin sufrir por continuar el hilo. Somos los Dosmiles, mejores que nuestros antecesores que chirriaban, mejores que nuestros sucesores que les faltan conexiones…