Lo que soy cuando no estoy contigo es algo que no sabes. Soy un enfermo
esperando, un creativo quieto encendiendo muertes, un aroma antiguo de cerveza
y sudor de muchos años, algo que puedes imaginar, lo que tengo. No vences a mis
miedos, por eso me voy a pintar la canción del solitario, la que todos
admiramos pero la que se olvida. Tantos tambores ignorados, es como la música
del inteligente que golpea en nuestras sienes, como acariciar con fragilidad
los pelos del violín, piedra y sensibilidad. Lo que soy cuando no estás siempre
será mejor, sin llanto, sin esperanzas para nadie, una pelea, un golpe en tu
nariz que sangra sin dolor, que te hace pensar. Nada y todo. Luego están los
fondos, los segundos planos, los que nunca cenan o los que comen cuando el hambre
es relativa, los que hablan sin decir o hablan de costado, que parecen quedar
cuando todos han muerto o los que quedan cuando todos se han ido. Nunca sirve
nada bueno, ni el trabajo, ni la pelea, para quedarse a tu lado, sólo sirve mi
guía torcida que acaba tanto antes que los raíles del otro; una admiración y un
respeto. Si tengo que ser sparring que sea porque quiero con el cerebro y no
con las entrañas; aunque así mis entrañas habrían muerto. Si tengo que seguir
que sea por mí mismo, mago del hilo fino encendido, tirando del mazo suelto del
otro lado. Si me queda poco por seguir que sea siguiendo a tu estela de vapor
de playa elegida por mi...
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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martes, 31 de marzo de 2015
jueves, 2 de mayo de 2013
Se Acaba La Vida
Muchas noches no me dejo dormir y espero desde el balcón a
que aparezca una luz verde y brillante surcando el cielo, o espero en la cama a
que venga cualquiera a acostarse a mi lado. No me dejo dormir aunque esté
muriendo de sueño, porque así transgredo todo lo impuesto contra lo que
inhumanamente lucho, para sentirme libre, fuerte y único. En esa lucha nace una
de mis enfermedades, que, cuando el cuerpo no resiste, se manifiesta como
náuseas, vértigos, vómitos y mareos. No me siento a gusto siendo fluido,
dejándome llevar por los sitios por donde no quiero ir, pero es difícil romper
la piedra a fuerza de falanges, de puñetazos, y el ímpetu de las aguas
frenéticas que recorren entre esos muros de piedra, me arrastra cegado e impasible
hacia la muerte, sin apenas dejarme apear por semanas, sin dejarme disfrutar
del sabor de un café y del humo que envuelve las palabras que escribo. Hoy lo
tengo, hoy estoy quieto y escribo, pero en toda esa vorágine pienso cuando,
mañana, no pueda despertar al placer de no estar ligado al tiempo, a la norma,
al cuerpo débil, a la enfermedad, a la obligación, a los modales, a la ansiedad
y a la prisa. Muchas veces no me dejo dormir y me mantengo despierto, como
adorando mis propios pensamientos, como si nunca hubiera un mañana para seguir
pensando y escribiendo, porque sé que, tras un ahogo tonto, se acaba la vida.
martes, 28 de agosto de 2012
Las Heredadas Enfermedades
Los enfermos nunca se juntan
para sanar su enfermedad, sino para compartirla y observarla; ella continúa su
curso, silenciosa y malvada, menguando día a día la esperanza de una vida
mejor. Así, morimos ahumados en nuestra propia mentira, tristes por no haber
encontrado el remedio. Y debería estar tranquilo por ser el médico, por verlo
desde fuera, pero no existe antídoto contra lo que no puede verse, tocarse,
analizarse o medirse. Las peores enfermedades no están diagnosticadas, todavía,
no tienen nombre, como la parálisis de las nuevas generaciones por los miedos
transferidos por las generaciones ancestrales, que, buscando prevenir riesgos
en las nuevas, acaban siendo, para todos, enfermedades mortales. De momento,
sólo tengo la pena de seguir viéndolo aunque con el placer de contemplarlo y
pensarlo, porque el único remedio posible es olvidando, un precio demasiado
alto (olvidar no es un hecho). ¿Cuánto vale una idea, un pensamiento, para que
sea eterna y para seguir creyendo en ella? Aunque fuera el hombre más
inteligente del mundo, todavía seguiría dudando…
viernes, 18 de mayo de 2012
Los Tiempos Se Han Calmado
Me puedo ver atrás en el
tiempo, distinto, enfermo, la piel sobre el hueso y el rudo pelo largo en todos
sitios. Me veo y me doy miedo. Me descubro ausente, desubicado, extranjero en
mi propio pueblo, disperso. Me sorprendo acudiendo allí por inercia, sin saber bien
por qué, arrastrado por invisibles pensamientos inconexos, perdido, loco,
yonqui, necesitado. Me recuerdo así y me da vergüenza, aislado, mirando la
belleza de las flores, creyéndome cercano a ellas, sin percatarme de la mugre
de mi esencia. Fui rechazado por más cosas, aunque no me di cuenta; eché la
culpa hacia afuera porque dentro ya no quedaba nada que destrozar. Ahora me doy
cuenta y me entra vergüenza. Algo de aquel animal se guardó profundo y en la
superficie ya hay un pelo esquilado, un aroma de campo silvestre agradable y
una piel tersa y oscura por las horas de sol y día. Algo del animal queda
dentro porque grita y recuerda los malos tiempos, ahora que los tiempos se han
calmado.
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