¿Cómo podrías amar a un
ciego? De lo que tengo nada abulta, nada protege y cubre, poco permanece y casi
todo muere. ¿Cómo podrías amar a un desvalido? ¿Cuándo una reina amó a un
mendigo? Si no se decirlo, si me escapo cuando me acercas la mano, si tiemblo cuando
te veo, cuando te huelo, si soy de hielo y no peleo contra nuestros enemigos,
¿cómo podría gozarte tan sólo un minuto? Inexplicable para mí es que para
tenerte cerca, que es lo que quiero, te alejo con mi indiferencia. Perdóname,
si me escuchas, pues quiero decirte que te veo con estos ojos que parecen de
ciego, y que no te cojo con estos brazos de arena porque es mejor uno que dos
en el suelo...
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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viernes, 28 de marzo de 2014
viernes, 22 de febrero de 2013
A Querer Serlo
Un acto poético o más bien un
gesto loco es anticiparse al tiempo, al problema, y venir al lugar físico y
tocar las paredes hasta cambiar su temperatura; o establecer un primer contacto
con el aire, con el metal de una puerta o con la madera de un banco. Todo es
más yo cuanto más tiempo he dedicado a estar con ello. Es un gesto loco buscar
las posibles escapatorias ante una huida, esos caminos, o medir temperaturas
externas con el cuerpo para saber cómo abrigarlo mañana, o captar los ecos del
espacio para que no sean sorpresa sino
conocidos, para no temer. O sentir la rugosidad o finura del suelo, a las
personas que pudieron o que lo están chafando. Es loco, sí, eso hace el miedo,
o hacerme preferir ser de piedra o mármol para no tener que hablar, pensar,
responder o acertar, o hacerme sentir tan pequeño como para no poder dormir ni
como feto, congelado, abstemio. Ahora tengo que aprender a ser mayor, después
de aprender a querer serlo…
lunes, 4 de junio de 2012
Colores Y Formas
Me entró miedo. Tuve que
callar, guardar silencio. Conforme miraba más a mi alrededor, más congoja me
entraba. Había muchos, éramos cientos. Muchas veces, para no identificarme con
el género, con el grupo, tomo una parte de muchos de los sujetos. Algunas veces
cojo varias piezas, partes del todo. Esta vez fue el cuádriceps, el gran
músculo por encima de la rodilla hasta la ingle. Eran fuertes, se perfilaban
perfectos en la piel. Otros no se veían, tapados por tela fina. Colores hubo
cientos, o miles, porque el color se mezclaba con las figuras y las formas. El
color no era por sí solo color, sino una mezcla, como un rombo negro o blanco,
líneas rojas sobreelevadas, herraduras verdes enlazadas…Me vi a mi mismo desde
fuera, desdoblado, también con mis propios colores y formas: franjas blancas y
rosas; diferente, elegantemente cómodo, ausente pero pendiente, y todo mi mundo
interno gritaba diciendo: ¡Somos muchos buenos! ¡Cada uno por dentro también
está fluyendo! Y me entró miedo y me sentí pequeño, y pensé que entonces
ninguna idea, ningún escrito, iba a llegar a nada que consiguiera complacerme.
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