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jueves, 29 de enero de 2015

Desapareciendo

Todo el romanticismo follado. La ilusiones hechas alquitrán. Las palabras hechas trizas. Las tripas hechas náuseas, el corazón destripado. El cierzo en mi locura, aunque peor es la mentira hecha verdad. Los sargentos ensalzados y la podredumbre del líder alabada. Animales descarriados, rebaños perdidos. Prefiero el hambre del perro, la razón turbada por el hambre, que comer la mierda del futuro. Prefiero morirme que seguir resistiendo algo que no merece la pena, que está más lejos de mi que lo que no existe. Me enfrento a las fuerzas del orden que se petrifican ante mi extrañados. Me atacan mis enemigos que no conocen ni mi nombre, prefiriendo hacer el mal que no pensar por qué están actuando. Pero la mosca que busca el excremento tampoco sabe por qué lo hace, así yo no veo lo que hago tampoco, porque no descifro a mis enemigos y además no los esquivo y además sigo a su lado y encima me creo condescendiente con la fe del cristiano crédulo. Sólo me quedan los pequeños placeres antes de continuar desapareciendo.

viernes, 16 de mayo de 2014

Primum Non Nocere


A mí, que soy más bien poco, y que me siento demasiado pequeño, a mí, que por cada día que pasa muero dos o tres, me pides que devuelva la vida al muerto o que me enfrente a dios; yo, que cada hora que nos deja creo menos en la guerra y menos en las personas, y menos en mí mismo, debo meterme en una guerra que no sé dónde empieza ni dónde acaba, aunque algunos, como los soñadores, se empeñen en ponerle nombre...no sé, no sé...ahora amigo no es más difícil porque sigo muriendo solo y conmigo no viene nadie: lo primero era no hacer daño, y matar y morir es el mayor de los daños. Aunque hay algo que no ha cambiado y es que amo más la locura, tanto hasta la incongruencia, porque encuentro la paz en lo que el ignorante conoce como anarquía, o en lo que el sabio llama descanso del alma, allí donde no llega el dinero, las voces o las críticas: demasiado lejos, tanto que no existe ese lugar. No nos empeñemos en buscar porque muchas veces no existe.

viernes, 22 de febrero de 2013

A Querer Serlo


Un acto poético o más bien un gesto loco es anticiparse al tiempo, al problema, y venir al lugar físico y tocar las paredes hasta cambiar su temperatura; o establecer un primer contacto con el aire, con el metal de una puerta o con la madera de un banco. Todo es más yo cuanto más tiempo he dedicado a estar con ello. Es un gesto loco buscar las posibles escapatorias ante una huida, esos caminos, o medir temperaturas externas con el cuerpo para saber cómo abrigarlo mañana, o captar los ecos del espacio  para que no sean sorpresa sino conocidos, para no temer. O sentir la rugosidad o finura del suelo, a las personas que pudieron o que lo están chafando. Es loco, sí, eso hace el miedo, o hacerme preferir ser de piedra o mármol para no tener que hablar, pensar, responder o acertar, o hacerme sentir tan pequeño como para no poder dormir ni como feto, congelado, abstemio. Ahora tengo que aprender a ser mayor, después de aprender a querer serlo…

lunes, 10 de diciembre de 2012

Caras Locuras


Rebuscando entre los papeles de mi agenda roja, esperando encontrar cualquier sorpresa en aquella selección de informaciones olvidadas, encontré un panfleto de un concierto: El diecisiete de noviembre, Shu Band-A, toca en Valencia. Me alegró saber que todavía quedaban unos días por delante hasta la fecha, y que una sorpresa así significaba que tenía que buscar la posibilidad de asistir. Cuando vi que cobraban a treinta y ocho euros la entrada, pensé que sólo iban a ir al concierto los pipas de Shu. Así que eché el panfleto al fuego de la chimenea. Al despertar, repasando los restos de la noche anterior, vi que el panfleto estaba encima del sillón. Se me olvidó quemarlo, pensé. Esa misma noche lo volví a echar a la chimenea. Al despertar al día después, analizando los restos de la noche anterior, volví a ver el panfleto sobre el sillón. Vaya, me dije, he soñado que quemaba el papel este. Lo corté en pedazos con el mismo cuchillo con el que me pelé una manzana para desayunar. Pero en el desayuno del día siguiente, encontré el panfleto encima de la mesa de mármol de la cocina, cerca de los cubiertos. Pensando ya que esto era obra del mismo diablo, decidí ir al concierto, que caía sábado por la noche. Fui, y el concierto dio pena.