Cada
año una vez la piedra se convierte en hombre y siente. Se sienta en un banco,
abre su botella y piensa, y se pone a escribir. Por una vez llora el dolor de
compartir lo que no puede y lo que no quiere, y se deja llevar por los rugosos,
escarpados y accidentados caminos del amor. Por una vez abre el cerrojo y,
aunque comprende siempre, intenta no comprender la otra versión, el otro lado.
Y siente que todos los roces son eléctricos, que todos los contactos son
venenos, que todos los gestos son disparos. Por una vez el muro abajo, la
armadura abierta y el yelmo al suelo. Una vez al año descansa de la lucha y se
declara vencido en la guerra suya contra sí mismo, cambiando el pensamiento de
acero por el de burbujas de aceite flotando en líquido denso y lento. Son
momentos de no quiero, de es verdad lo malo que pienso, de guardo en una caja
el polvo de magia, la erección del bello, la caricia, los besos. Aunque más de
una vez al año le quema en la piel de cuero el escupitajo de fuego del miedo…
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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domingo, 28 de julio de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
Como Todos
Quisiera ser cada noche como el fuego: diferente, para
sorprenderte siempre. Quisiera ser como la madera: moldeable, arte, y madre del
fuego. Quisiera ser tan especial hasta que no te lo creas, y en ese viaje hasta
el infinito me pierdo, nos perdemos y te pierdo. Debería ser como todos.
miércoles, 10 de abril de 2013
Mi Débil Cuerpo De Cera
Si está tan oculto es porque no
debe mostrarse. Yo, mientras lo busco, me pierdo en alguna de sus dimensiones,
en la que no está presente pero sobre la que se proyecta. En esta dimensión, es
tan inasible su esencia que puedo ver su reflejo durante instantes y verlo
desaparecer antes de que pueda escribirlo. O bien puedo verlo meterse en esos
cuerpos que caminan, y mirarme a través de sus ojos y jugar conmigo: así se
dispara mi incertidumbre y es imposible descifrar por lo opaco de sus miradas.
Pero también en esta dimensión, a medida que me hago mayor, aparecen más y más
cosas que difractan esta única dimensión que conozco en muchas otras. Son cosas
como el tiempo, que hace que se eleven más las palmeras o que se estilicen sus
troncos hasta engordarlos arriba por donde crecen sus nuevas generaciones. Es
el tiempo y es el jardinero con sus razones, que yo desconozco. Pero igual que
no sé de la vida del que tala palmeras, tampoco sé del fontanero que sabe qué
camino recorren mis heces y cómo las guía hasta la tierra, ni tampoco del que
las recoge y hace de ellas alimento para los que serán los más bellos
vegetales. En sus vidas ya me pierdo, en sus conocimientos, y no son más,
aunque mucho, que una imprenta translúcida de lo que verdaderamente busco. A
veces trazo paralelas perspectivas creyendo que en la original matemática está
el brillo de dios, pero quizás en ella no haya más que las respuestas y los
embrollos del hombre, todo junto. Aunque aplico mi lógica, en parte mala, en
parte basada en el conocimiento de los libros, aunque quiero saber y aprender,
el fuego de la verdad quema demasiado para que lo pueda resistir mi débil
cuerpo de cera.
martes, 13 de noviembre de 2012
El Que Mueve Los Hilos
Cada estructura tiene su propia personalidad porque yo le ofrezco
una vida, como a mi olvidada agenda roja, tan complicada, tan seria, de la que
me acuerdo una vez al mes. También es cierto que durante cortos períodos de
tiempo tenemos unos seguidos momentos de placer profundo. O como el bolígrafo,
cubierto de pelos de tabaco en el fondo del saco; hoy con un rostro y mañana
con otro, pero siempre activo a horas locas, a deshora, acostumbrado a trabajar
con los ojos hinchados de sueño. Y también el cuerpo, títere como de madera
pero de carne, cables, vasos y hueso, tiende a vivir como yo le digo, el
creador: José Luis. Es complicado mover el cuerpo siempre con el mismo gesto,
con la misma esencia, así: ni demasiado hombre, ni demasiado mujer, y me muevo,
más allá de mis órdenes, como mis ancestros, pues yo soy ellos y ellos como sus
ancestros. Me pregunto así, cuál era el loco de mis más viejos, el que adoraba
el calor del fuego con el cuerpo y con el cerebro, o el que mezclaba todo lo
mismo para obtener uno distinto. Todo tiene vida, hasta que yo, el creador,
dios, decido caer en el sueño para que lo muerto se apague.
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