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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Grandes Inteligencias En Sentidos Opuestos


No entiendo cómo pueden existir a la vez sectores de la sociedad que inviertan muchísimo tiempo estudiando para hacer el bien, para intentar sanar, para hacer más felices al resto o hacerlos sonreír (sector donde me gustaría pensar que me encuentro), y otros sectores que se dediquen a estudiar para todo lo contrario: para reírse de los demás, para robar el dinero a los que pagan debidamente sus deudas, para pleitear contra los pacifistas, para hacer sufrir sin motivo alguno...y es que cuando intento ver el mundo positivo, como mis inteligentes padres me lo enseñaron, hay algo que me explota dentro y me da rabia por lo diferente que lo veo. Y es que irme hacia el otro lado me da más rabia todavía, porque no quiero ser uno de ellos, no quiero robar porque soy feliz con lo más mínimo y peleo con legalidad para realizar mis sueños más caros, porque soy feliz haciendo el bien, ayudando al otro y no ahogándolo en sus miserias, porque agradezco los pequeños gestos e intento devolver algo más de lo que recibo, porque no me puedo quejar de mi mundo si hago todo lo que puedo para que sea bueno. Sigo sin entenderos, tampoco entiendo cómo malgastáis vuestra tremenda inteligencia en hacer daño, pues la misma, dada la vuelta, os haría ricos a costa de vosotros mismos y no del resto. No soy yo quien va a cambiaros, mi trabajo está hecho, para labrar mi paz y mi armonía, soy pacifista, no libro absurdas guerras, la mía conmigo mismo y los míos, suerte en las vuestras.

viernes, 16 de mayo de 2014

Primum Non Nocere


A mí, que soy más bien poco, y que me siento demasiado pequeño, a mí, que por cada día que pasa muero dos o tres, me pides que devuelva la vida al muerto o que me enfrente a dios; yo, que cada hora que nos deja creo menos en la guerra y menos en las personas, y menos en mí mismo, debo meterme en una guerra que no sé dónde empieza ni dónde acaba, aunque algunos, como los soñadores, se empeñen en ponerle nombre...no sé, no sé...ahora amigo no es más difícil porque sigo muriendo solo y conmigo no viene nadie: lo primero era no hacer daño, y matar y morir es el mayor de los daños. Aunque hay algo que no ha cambiado y es que amo más la locura, tanto hasta la incongruencia, porque encuentro la paz en lo que el ignorante conoce como anarquía, o en lo que el sabio llama descanso del alma, allí donde no llega el dinero, las voces o las críticas: demasiado lejos, tanto que no existe ese lugar. No nos empeñemos en buscar porque muchas veces no existe.

domingo, 28 de julio de 2013

Escupitajo De Fuego

Cada año una vez la piedra se convierte en hombre y siente. Se sienta en un banco, abre su botella y piensa, y se pone a escribir. Por una vez llora el dolor de compartir lo que no puede y lo que no quiere, y se deja llevar por los rugosos, escarpados y accidentados caminos del amor. Por una vez abre el cerrojo y, aunque comprende siempre, intenta no comprender la otra versión, el otro lado. Y siente que todos los roces son eléctricos, que todos los contactos son venenos, que todos los gestos son disparos. Por una vez el muro abajo, la armadura abierta y el yelmo al suelo. Una vez al año descansa de la lucha y se declara vencido en la guerra suya contra sí mismo, cambiando el pensamiento de acero por el de burbujas de aceite flotando en líquido denso y lento. Son momentos de no quiero, de es verdad lo malo que pienso, de guardo en una caja el polvo de magia, la erección del bello, la caricia, los besos. Aunque más de una vez al año le quema en la piel de cuero el escupitajo de fuego del miedo…

lunes, 21 de enero de 2013

Consejos Para Antes De Una Guerra


Aquí estoy, solo, afilando y engrasando mis herramientas, junto a dos de mis personas, las más frecuentes, las despiertas, ensayando para mañana. Pongo al día y someto a esfuerzo a la cantimplora, al puñal, al bolígrafo, al cuerpo: la temperatura, la sed, el hambre, los nervios. Pongo algunas cosas boca abajo para comprobar si pierden, y algunas fallan, como yo, pues me faltan creencia, fuerzas y ganas. Necesito mucho tiempo, más que todas las cosas, pues soy miles de mecanismos demasiado complejos funcionando en una misma máquina. Pero lo tengo: tengo el tiempo y la paciencia. Si hay que escuchar, me paro y escucho: la respiración, el latir, el pensamiento, o el viento en la puerta y la puerta contra la baldosa. También el estómago bajo el esternón habla: es momento de darle trabajo, de criticarlo después y de pensar en algo para mejorarlo mañana. Todo debe de estar a punto para que, ante una derrota, pueda llegar hasta casa y no caer muerto. Nunca se está exacto con los pies fríos, nunca con los calcetines de cuatro horas de camino, así que hay que ir cambiándolos cada cierto tiempo por unos limpios. Momentos antes de la guerra no deben quedar sabores en la boca, como dulce o salado, para que ningún recuerdo empañe cualquier sabor del real presente, ni aire en el estómago. El agua en su justa medida, para que la vejiga no engorde y que la boca se mueva libre, y poca fruta para que el sueño no venza al brío y para que el cuerpo no tiemble. El cerebro y la mente son dos cosas muy diferentes.