No
entiendo cómo pueden existir a la vez sectores de la sociedad que inviertan
muchísimo tiempo estudiando para hacer el bien, para intentar sanar, para hacer
más felices al resto o hacerlos sonreír (sector donde me gustaría pensar que me
encuentro), y otros sectores que se dediquen a estudiar para todo lo contrario:
para reírse de los demás, para robar el dinero a los que pagan debidamente sus
deudas, para pleitear contra los pacifistas, para hacer sufrir sin motivo
alguno...y es que cuando intento ver el mundo positivo, como mis inteligentes
padres me lo enseñaron, hay algo que me explota dentro y me da rabia por lo
diferente que lo veo. Y es que irme hacia el otro lado me da más rabia todavía,
porque no quiero ser uno de ellos, no quiero robar porque soy feliz con lo más
mínimo y peleo con legalidad para realizar mis sueños más caros, porque soy
feliz haciendo el bien, ayudando al otro y no ahogándolo en sus miserias,
porque agradezco los pequeños gestos e intento devolver algo más de lo que
recibo, porque no me puedo quejar de mi mundo si hago todo lo que puedo para
que sea bueno. Sigo sin entenderos, tampoco entiendo cómo malgastáis vuestra
tremenda inteligencia en hacer daño, pues la misma, dada la vuelta, os haría
ricos a costa de vosotros mismos y no del resto. No soy yo quien va a cambiaros,
mi trabajo está hecho, para labrar mi paz y mi armonía, soy pacifista, no libro
absurdas guerras, la mía conmigo mismo y los míos, suerte en las vuestras.
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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miércoles, 27 de septiembre de 2017
viernes, 16 de mayo de 2014
Primum Non Nocere
A mí, que soy más bien poco, y
que me siento demasiado pequeño, a mí, que por cada día que pasa muero dos o
tres, me pides que devuelva la vida al muerto o que me enfrente a dios; yo, que
cada hora que nos deja creo menos en la guerra y menos en las personas, y menos
en mí mismo, debo meterme en una guerra que no sé dónde empieza ni dónde acaba,
aunque algunos, como los soñadores, se empeñen en ponerle nombre...no sé, no
sé...ahora amigo no es más difícil porque sigo muriendo solo y conmigo no viene
nadie: lo primero era no hacer daño, y matar y morir es el mayor de los daños.
Aunque hay algo que no ha cambiado y es que amo más la locura, tanto hasta la
incongruencia, porque encuentro la paz en lo que el ignorante conoce como
anarquía, o en lo que el sabio llama descanso del alma, allí donde no llega el
dinero, las voces o las críticas: demasiado lejos, tanto que no existe ese
lugar. No nos empeñemos en buscar porque muchas veces no existe.
domingo, 28 de julio de 2013
Escupitajo De Fuego
Cada
año una vez la piedra se convierte en hombre y siente. Se sienta en un banco,
abre su botella y piensa, y se pone a escribir. Por una vez llora el dolor de
compartir lo que no puede y lo que no quiere, y se deja llevar por los rugosos,
escarpados y accidentados caminos del amor. Por una vez abre el cerrojo y,
aunque comprende siempre, intenta no comprender la otra versión, el otro lado.
Y siente que todos los roces son eléctricos, que todos los contactos son
venenos, que todos los gestos son disparos. Por una vez el muro abajo, la
armadura abierta y el yelmo al suelo. Una vez al año descansa de la lucha y se
declara vencido en la guerra suya contra sí mismo, cambiando el pensamiento de
acero por el de burbujas de aceite flotando en líquido denso y lento. Son
momentos de no quiero, de es verdad lo malo que pienso, de guardo en una caja
el polvo de magia, la erección del bello, la caricia, los besos. Aunque más de
una vez al año le quema en la piel de cuero el escupitajo de fuego del miedo…
lunes, 21 de enero de 2013
Consejos Para Antes De Una Guerra
Aquí estoy, solo, afilando y engrasando mis herramientas,
junto a dos de mis personas, las más frecuentes, las despiertas, ensayando para
mañana. Pongo al día y someto a esfuerzo a la cantimplora, al puñal, al
bolígrafo, al cuerpo: la temperatura, la sed, el hambre, los nervios. Pongo algunas
cosas boca abajo para comprobar si pierden, y algunas fallan, como yo, pues me
faltan creencia, fuerzas y ganas. Necesito mucho tiempo, más que todas las
cosas, pues soy miles de mecanismos demasiado complejos funcionando en una
misma máquina. Pero lo tengo: tengo el tiempo y la paciencia. Si hay que
escuchar, me paro y escucho: la respiración, el latir, el pensamiento, o el
viento en la puerta y la puerta contra la baldosa. También el estómago bajo el
esternón habla: es momento de darle trabajo, de criticarlo después y de pensar
en algo para mejorarlo mañana. Todo debe de estar a punto para que, ante una
derrota, pueda llegar hasta casa y no caer muerto. Nunca se está exacto con los
pies fríos, nunca con los calcetines de cuatro horas de camino, así que hay que
ir cambiándolos cada cierto tiempo por unos limpios. Momentos antes de la
guerra no deben quedar sabores en la boca, como dulce o salado, para que ningún
recuerdo empañe cualquier sabor del real presente, ni aire en el estómago. El
agua en su justa medida, para que la vejiga no engorde y que la boca se mueva
libre, y poca fruta para que el sueño no venza al brío y para que el cuerpo no
tiemble. El cerebro y la mente son dos cosas muy diferentes.
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