El rumor del pueblo, las
campanas de la muerte, los niños que me hacen más viejo y mi jodida enfermedad.
No recibo lo que espero porque encuentro más de lo que existe: sueño y me
miento. Soy buena persona y quizás no deba más que ser en tantos momentos. Espero porque quiero, porque necesito, porque
siento. Y el amor rojo se convierte en bilis negra si no lo expulso; y quizás
mañana alguien lo entienda. El delirio por la soledad, yo lo huelo, amigo, y me
apiado, pero lucho (por ambos): apagando la tele, regalando mi alma a
cualquiera que pasa y me pregunta, saliendo a caminar, llorando el miedo,
sufriendo, tan mejor que no hacer nada. Se trata de aceptar que estamos
muriendo, pero que hasta el último de los días quedan caminatas por carreteras
oscuras, caminar de chanclas y pies femeninos, cervezas y canciones, aprendizajes,
cenas, filosofía, vida a fin de cuentas. La vida es un camino hacia la muerte,
pero podemos vivir muertos o equivocarnos y vivir medio despiertos, medio
felices y algunos días, espero que pocos, tristemente enamorados.
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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domingo, 4 de agosto de 2013
martes, 13 de noviembre de 2012
El Que Mueve Los Hilos
Cada estructura tiene su propia personalidad porque yo le ofrezco
una vida, como a mi olvidada agenda roja, tan complicada, tan seria, de la que
me acuerdo una vez al mes. También es cierto que durante cortos períodos de
tiempo tenemos unos seguidos momentos de placer profundo. O como el bolígrafo,
cubierto de pelos de tabaco en el fondo del saco; hoy con un rostro y mañana
con otro, pero siempre activo a horas locas, a deshora, acostumbrado a trabajar
con los ojos hinchados de sueño. Y también el cuerpo, títere como de madera
pero de carne, cables, vasos y hueso, tiende a vivir como yo le digo, el
creador: José Luis. Es complicado mover el cuerpo siempre con el mismo gesto,
con la misma esencia, así: ni demasiado hombre, ni demasiado mujer, y me muevo,
más allá de mis órdenes, como mis ancestros, pues yo soy ellos y ellos como sus
ancestros. Me pregunto así, cuál era el loco de mis más viejos, el que adoraba
el calor del fuego con el cuerpo y con el cerebro, o el que mezclaba todo lo
mismo para obtener uno distinto. Todo tiene vida, hasta que yo, el creador,
dios, decido caer en el sueño para que lo muerto se apague.
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