El rumor del pueblo, las
campanas de la muerte, los niños que me hacen más viejo y mi jodida enfermedad.
No recibo lo que espero porque encuentro más de lo que existe: sueño y me
miento. Soy buena persona y quizás no deba más que ser en tantos momentos. Espero porque quiero, porque necesito, porque
siento. Y el amor rojo se convierte en bilis negra si no lo expulso; y quizás
mañana alguien lo entienda. El delirio por la soledad, yo lo huelo, amigo, y me
apiado, pero lucho (por ambos): apagando la tele, regalando mi alma a
cualquiera que pasa y me pregunta, saliendo a caminar, llorando el miedo,
sufriendo, tan mejor que no hacer nada. Se trata de aceptar que estamos
muriendo, pero que hasta el último de los días quedan caminatas por carreteras
oscuras, caminar de chanclas y pies femeninos, cervezas y canciones, aprendizajes,
cenas, filosofía, vida a fin de cuentas. La vida es un camino hacia la muerte,
pero podemos vivir muertos o equivocarnos y vivir medio despiertos, medio
felices y algunos días, espero que pocos, tristemente enamorados.
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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domingo, 4 de agosto de 2013
domingo, 14 de octubre de 2012
Días Y Días
Hay días en los que no sirvo. Son
días en los que los ojos no me funcionan a la misma distancia a la que ayer me
funcionaban. Hay días en los que no le mando órdenes a mi brazo y él sale despedido,
incontrolado. Días en los que el corazón se distrae y late en fragmentos de
tiempo con ritmo distinto, también independiente. Y me pregunto qué es lo que
me pasaba en el resto de días en los que estaba de otro modo, amo de mi mismo,
alegre, simpático y abierto a mis errores. Si ayer me podían entender hoy ya
estoy guardando silencio porque me encuentro raro, porque los volveré locos.
Hay días en los que todo es un fuego de artificio y cada color va por su lado.
Pero en todos los días, incluso en el más malo, hay algo, incluso una lágrima,
¿por qué no? Llorar también es de hombres, pues: ¿no es el dolor también de los
hombres? Hay días, como hoy, días malos, en los que no hay idea buena, ni gesto
curioso, ni deseo. Hay días en los que salgo corriendo justo después de caer
dormido, tan profundo tan afuera, tan rápido tan lento. Pero siempre hay algo,
rápido, de un segundo, que hace retornar mi equilibrio: seis grillos y el
silencio negro de fondo, la quietud, una mosca (ya de las últimas)...Tiene que
haber días en los que no se consiga nada y mejor si se es ambicioso,
acostumbrados a cumplir con algo todos los días, días en los que te olvidas un
poco de quién eres: también somos sufridores y el dolor está ahí también, en el
cuerpo. Cuando parece que nada sirve, nada, siempre hay algo que te devuelve la
esperanza: sólo hay que creer en ello, ese es el precio. Siempre fallará algo
pero siempre existe un remedio, sólo hay que buscarlo y darle tiempo.
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