Permíteme que,
de nuevo, vuelva a ser frío, que me quede quieto, que ascienda hasta arriba
para verlo todo parado, como mío, que nos vea juntos, que nos experimente, para
sentir que, por otra vez, fui humano. Déjame ser de bronce para que envidie mis
manos cuando me tocas, porque me las vuelves de cera blanda de pintura. Déjame
intentarlo y decirlo y que me equivoque, porque, como el sabio dice, no hay
palabras para describirlo. Envidio. Envidio tus pasos porque no son míos, y tus
calcetines de colores, tus labios que rielan, que me rielan el cuerpo mío de
mentira, que se esfuma, que me tira, que me deja. Permíteme, esperanza, anhelo,
sueño, que odie tu larga vida por quedarte despierta mientras yo caigo rendido,
por dormir con la paz del niño, por besarme con los ojos perfectos, por oler,
por abrazarme con otras partes que no sean los brazos, por abrazarme
desde la distancia. Déjame que te sienta como nadie, como el más ladrón de los
ladrones, déjame que te robe hasta el alma, que te aspire, para ser por una vez
lo que nunca pude. Nos envidio, desde allí arriba, tan cogidos, cogiendo,
rezando oraciones a un dios nuestro, sólo nuestro, sólo tuyo, por vernos sudar
la risa como jamás nadie supo. Ahora, cada segundo que respiro mi pobreza,
sonrío como el dios que soy a través de tu cuerpo; ahora, que me repito más que
el loco empeñado en bucle, permíteme que me equivoque y que sea como todo aquel
que envidio, aparentemente feliz, profundamente satisfecho y seguro; también yo
alcancé mi norte al sentir en mi garganta tu aliento, que ahora ya es el mío. Y
ya se me acaban las palabras, que tampoco soy infinito, ni estudiado, ni leído,
ya sabes, más bien un ratico de cada eternidad. Y regálame tu eternidad para
hacer de este paso de mis años algo más que un simple paso por haberte tenido
un poquito...
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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jueves, 28 de mayo de 2015
viernes, 1 de junio de 2012
El Pensamiento Mágico
El Pensamiento Mágico es la esencia que queda en el aire cuando
chascas dos piedras prendedoras de fuego, tras la chispa. También es fruto de
la cultura histórica, del miedo que generan las preguntas de la religión, de la
necesidad. Si no hay sentido, orden geométrico, si no hay algo más, algo que
nos supere, las cosas se hacen pesadas, demasiado físicas, insulsas. Si no hay
alma, el cuerpo se hace efímero, débil, pobre. El pensamiento mágico nace por
la necesidad de ver más, por la necesidad de alma, para trascender. Todo parece
ser poco, cuando en cada cosa hay un mundo que no vemos, como en el cuerpo. El
ser humano pasa rápido por las cosas, no se detiene en muchas sino en pocas o a
veces en ninguna. Es más fácil tener pensamiento mágico que intentar descifrar
la realidad y la verdad de cada cosa insignificante (a los ojos de muchos). No
hay ambición de búsqueda y de aprendizaje porque la comodidad vence, vence la
mente en blanco que produce ver la televisión y vence la obligación de un
trabajo rutinario e inconsciente en pro del desarrollo. Pensar produce poco, es
una realidad. También hay pensamiento mágico cuando entiendo la vida como una
gran espiral de succión, un agujero negro que nos lleva indefectiblemente al
fin, al exterminio, y no a una posible resurrección milagrosa en las orillas de
una playa exótica. A veces pienso que mi literatura, mis metáforas, están más
cerca de la belleza mágica que de la progresista matemática.
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