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jueves, 28 de mayo de 2015

Una Vida Por Un Segundo

Permíteme que, de nuevo, vuelva a ser frío, que me quede quieto, que ascienda hasta arriba para verlo todo parado, como mío, que nos vea juntos, que nos experimente, para sentir que, por otra vez, fui humano. Déjame ser de bronce para que envidie mis manos cuando me tocas, porque me las vuelves de cera blanda de pintura. Déjame intentarlo y decirlo y que me equivoque, porque, como el sabio dice, no hay palabras para describirlo. Envidio. Envidio tus pasos porque no son míos, y tus calcetines de colores, tus labios que rielan, que me rielan el cuerpo mío de mentira, que se esfuma, que me tira, que me deja. Permíteme, esperanza, anhelo, sueño, que odie tu larga vida por quedarte despierta mientras yo caigo rendido, por dormir con la paz del niño, por besarme con los ojos perfectos, por oler, por abrazarme con otras partes que no sean los  brazos, por abrazarme desde la distancia. Déjame que te sienta como nadie, como el más ladrón de los ladrones, déjame que te robe hasta el alma, que te aspire, para ser por una vez lo que nunca pude. Nos envidio, desde allí arriba, tan cogidos, cogiendo, rezando oraciones a un dios nuestro, sólo nuestro, sólo tuyo, por vernos sudar la risa como jamás nadie supo. Ahora, cada segundo que respiro mi pobreza, sonrío como el dios que soy a través de tu cuerpo; ahora, que me repito más que el loco empeñado en bucle, permíteme que me equivoque y que sea como todo aquel que envidio, aparentemente feliz, profundamente satisfecho y seguro; también yo alcancé mi norte al sentir en mi garganta tu aliento, que ahora ya es el mío. Y ya se me acaban las palabras, que tampoco soy infinito, ni estudiado, ni leído, ya sabes, más bien un ratico de cada eternidad. Y regálame tu eternidad para hacer de este paso de mis años algo más que un simple paso por haberte tenido un poquito...

viernes, 1 de junio de 2012

El Pensamiento Mágico


El Pensamiento Mágico es la esencia que queda en el aire cuando chascas dos piedras prendedoras de fuego, tras la chispa. También es fruto de la cultura histórica, del miedo que generan las preguntas de la religión, de la necesidad. Si no hay sentido, orden geométrico, si no hay algo más, algo que nos supere, las cosas se hacen pesadas, demasiado físicas, insulsas. Si no hay alma, el cuerpo se hace efímero, débil, pobre. El pensamiento mágico nace por la necesidad de ver más, por la necesidad de alma, para trascender. Todo parece ser poco, cuando en cada cosa hay un mundo que no vemos, como en el cuerpo. El ser humano pasa rápido por las cosas, no se detiene en muchas sino en pocas o a veces en ninguna. Es más fácil tener pensamiento mágico que intentar descifrar la realidad y la verdad de cada cosa insignificante (a los ojos de muchos). No hay ambición de búsqueda y de aprendizaje porque la comodidad vence, vence la mente en blanco que produce ver la televisión y vence la obligación de un trabajo rutinario e inconsciente en pro del desarrollo. Pensar produce poco, es una realidad. También hay pensamiento mágico cuando entiendo la vida como una gran espiral de succión, un agujero negro que nos lleva indefectiblemente al fin, al exterminio, y no a una posible resurrección milagrosa en las orillas de una playa exótica. A veces pienso que mi literatura, mis metáforas, están más cerca de la belleza mágica que de la progresista matemática.