Permíteme que,
de nuevo, vuelva a ser frío, que me quede quieto, que ascienda hasta arriba
para verlo todo parado, como mío, que nos vea juntos, que nos experimente, para
sentir que, por otra vez, fui humano. Déjame ser de bronce para que envidie mis
manos cuando me tocas, porque me las vuelves de cera blanda de pintura. Déjame
intentarlo y decirlo y que me equivoque, porque, como el sabio dice, no hay
palabras para describirlo. Envidio. Envidio tus pasos porque no son míos, y tus
calcetines de colores, tus labios que rielan, que me rielan el cuerpo mío de
mentira, que se esfuma, que me tira, que me deja. Permíteme, esperanza, anhelo,
sueño, que odie tu larga vida por quedarte despierta mientras yo caigo rendido,
por dormir con la paz del niño, por besarme con los ojos perfectos, por oler,
por abrazarme con otras partes que no sean los brazos, por abrazarme
desde la distancia. Déjame que te sienta como nadie, como el más ladrón de los
ladrones, déjame que te robe hasta el alma, que te aspire, para ser por una vez
lo que nunca pude. Nos envidio, desde allí arriba, tan cogidos, cogiendo,
rezando oraciones a un dios nuestro, sólo nuestro, sólo tuyo, por vernos sudar
la risa como jamás nadie supo. Ahora, cada segundo que respiro mi pobreza,
sonrío como el dios que soy a través de tu cuerpo; ahora, que me repito más que
el loco empeñado en bucle, permíteme que me equivoque y que sea como todo aquel
que envidio, aparentemente feliz, profundamente satisfecho y seguro; también yo
alcancé mi norte al sentir en mi garganta tu aliento, que ahora ya es el mío. Y
ya se me acaban las palabras, que tampoco soy infinito, ni estudiado, ni leído,
ya sabes, más bien un ratico de cada eternidad. Y regálame tu eternidad para
hacer de este paso de mis años algo más que un simple paso por haberte tenido
un poquito...
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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jueves, 28 de mayo de 2015
sábado, 1 de septiembre de 2012
Fragmento De Inflexión
Estás
tan lejos que hasta te puedo tocar con los dedos carnosos de la mano de mi
brazo mutilado. Eres tan sencilla que comprendes mejor que nadie mis rarezas
más complejas, las que nadie ha entendido y por las que me encerré
voluntariamente en este psiquiátrico de paredes de palabras, de fuentes
húmedas, de cosquillas. Pero tengo que seguir tomándome las pastillas que me
matan el hígado, para seguir despierto en el mundo absurdo que nos contiene,
porque dormido no se construyen edificios que se mantengan de pie. Sigo
afilando más las flechas de mis expresiones, tanto como para entrar en los
sueños y cambiarlos, como para tocar la genética y modificarla; tanto quisiera,
claro, para protegerme de este miedo que te enamora. No puedo quererte tanto
porque no debería hacerte tanto daño, aunque como tú eres yo, quizás acabe
matándote de amor. Yo no encuentro significados ni sentidos ciertos, porque si
los hallo me doy cuenta de lo diablo que puedo ser, asesino de esperanzas y
destructor de mi propia constructora. Yo, despierto, construyo un estable
camino aparente desde la quietud de mis piernas sepultadas bajo el cemento y el
asfalto. Y he cuidado tanto cómo decirlo, que hasta las palabras han tomado
vida y me han devuelto, por su propia voluntad, un poco de cariño.
(Acaba
la escena)
viernes, 17 de agosto de 2012
La Realidad Cambiante
Es la realidad la que impacta en esta burbuja de sueños que me envuelve,
escapándose los colores de mis sentimientos libres transformados en preguntas
incomprensibles e inasibles. Es tu realidad cambiante veloz, tu cielo en el
suelo, tu suelo en el cielo, mis no sé, los que hacen perder los matices de mis
posibles aunque lejanamente infinitos. Pero soy yo y soy como el mercurio por
el miedo, escurridizo e incomprensible, tan rápido en la mente que no es ni mío
el pensamiento sino una estructura aprendida y establecida por el daño. Es tan
así que prefiero seguir el camino lento y fatigoso de llegar a poco mejor que a
nada, esperando, sin olvidarme iluso, tu luz tenue a lo lejos borrada por el
camino, viéndola fulgurante ardiendo de cerca ausente de dudas y sin juegos de
palabras por medio.
domingo, 13 de mayo de 2012
La Fábrica De Producción De Sentimientos
Suponiendo que ella no
me lo había dicho por hacerme daño sino para que yo ahondase más en mi propio
conocimiento gracias a su comentario, me dediqué a pensar en ello. ¿No era yo
más que una fábrica de producción de sentimientos? ¿Era yo una persona tan
fría? Todo podría empezar en un antiguo comentario suyo que decía: Tú puedes hacer
varios escritos diarios y que todos tengan sentimientos, y, sobre todo, que
todos me hagan sentir algo a mí. No creo que seas tan sentimental y que los
sientas todos. Es más, creo que escribes por inercia y que no sientes todo lo
que escribes. Eso me dijo ella, y merecía la pena pensarlo.
No escribo todos los
días, con lo que estoy diciendo que no escribo por inercia, y quizás tampoco
por necesidad. Es más una cuestión de placer y como autoconocimiento (en una
espléndida manera de entenderlo). Escribo cuando salta la idea, que debe tener
un fondo y una forma sorprendentes. Utilizo el sentimiento para captar la
atención, eso es cierto, pero sólo algunas veces, y la mayoría de veces que lo
utilizo me dejo llevar. Si escribo con sentimiento es porque lo tengo dentro.
Los sentimientos son una herramienta, y un arma de doble filo. Hay que saber
utilizarlos (guiarlos) y hay que dejarlos vagar a sus anchas, tal vez como a
los niños (a los hijos). Es cierto: los utilizo, y de vez en cuando ellos me utilizan
a mí.
Por otro lado, mi
prioridad no es producir, sino crear con el máximo brillo, es decir, no escribo
grandes cantidades sino pequeños párrafos que considero buenos, con la máxima
que siempre puedo escribirlos mejor. De nuevo, el sentimiento es una
herramienta, pero no la única, pues considero que la lógica, la coherencia, la
metáfora, el humor, la paradoja, la adecuación (poesía, redacción, descripción,
narración, etc.), la metafísica, la absurdidad, y un sinfín de herramientas más,
existen, son buenas, las tengo cerca y las utilizo. Pero sobre todo, creo que
sobre todo, escribo más para que piensen y no tanto para que lloren o amen.
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