Hay días en los que no sirvo. Son
días en los que los ojos no me funcionan a la misma distancia a la que ayer me
funcionaban. Hay días en los que no le mando órdenes a mi brazo y él sale despedido,
incontrolado. Días en los que el corazón se distrae y late en fragmentos de
tiempo con ritmo distinto, también independiente. Y me pregunto qué es lo que
me pasaba en el resto de días en los que estaba de otro modo, amo de mi mismo,
alegre, simpático y abierto a mis errores. Si ayer me podían entender hoy ya
estoy guardando silencio porque me encuentro raro, porque los volveré locos.
Hay días en los que todo es un fuego de artificio y cada color va por su lado.
Pero en todos los días, incluso en el más malo, hay algo, incluso una lágrima,
¿por qué no? Llorar también es de hombres, pues: ¿no es el dolor también de los
hombres? Hay días, como hoy, días malos, en los que no hay idea buena, ni gesto
curioso, ni deseo. Hay días en los que salgo corriendo justo después de caer
dormido, tan profundo tan afuera, tan rápido tan lento. Pero siempre hay algo,
rápido, de un segundo, que hace retornar mi equilibrio: seis grillos y el
silencio negro de fondo, la quietud, una mosca (ya de las últimas)...Tiene que
haber días en los que no se consiga nada y mejor si se es ambicioso,
acostumbrados a cumplir con algo todos los días, días en los que te olvidas un
poco de quién eres: también somos sufridores y el dolor está ahí también, en el
cuerpo. Cuando parece que nada sirve, nada, siempre hay algo que te devuelve la
esperanza: sólo hay que creer en ello, ese es el precio. Siempre fallará algo
pero siempre existe un remedio, sólo hay que buscarlo y darle tiempo.
Es el mundo de un loco, es lo que yo quiero que sea (o lo que quisiera), lo que quiera que sea yo.
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domingo, 14 de octubre de 2012
martes, 7 de agosto de 2012
Como Humo
Sigo caminando en la
sutil línea negra de tus ojos, sigo viéndolo todo amplificado, grande y lento.
Nada ha cambiado desde que empezó el perenne diálogo interior conmigo mismo, hace
ya bastantes años. Sigo creyendo, sigo pensando que las palabras pueden cambiar
vidas, incluso despertar a los muertos y más todavía cuando el papel es
tremendamente fino, de fumar, y la tinta tan espesa que se corre con los dedos
y queda en ellos durante días. Sigo esperando aunque nada haya cambiado y tú
sólo pienses en tu futuro y no en el nuestro, aunque hayas olvidado mi nombre,
mis gestos callados o mi calor estirándose invisible hasta tu cuello. Tú
representas mi añoranza, mi deseo de convertirlo todo en realidad desde el
pensamiento, desde el sueño del niño con los ojos cerrados hacia lo adulto, del
adulto que, siéndolo, corre más deprisa que el tiempo para nunca llegar a
serlo. Pero eres más real en lo que pienso que con el cuerpo, que cuando voy a
abrazarte, cuando te leo, te desvanecen mis abrazos y mis palabras, como humo.
viernes, 1 de junio de 2012
El Pensamiento Mágico
El Pensamiento Mágico es la esencia que queda en el aire cuando
chascas dos piedras prendedoras de fuego, tras la chispa. También es fruto de
la cultura histórica, del miedo que generan las preguntas de la religión, de la
necesidad. Si no hay sentido, orden geométrico, si no hay algo más, algo que
nos supere, las cosas se hacen pesadas, demasiado físicas, insulsas. Si no hay
alma, el cuerpo se hace efímero, débil, pobre. El pensamiento mágico nace por
la necesidad de ver más, por la necesidad de alma, para trascender. Todo parece
ser poco, cuando en cada cosa hay un mundo que no vemos, como en el cuerpo. El
ser humano pasa rápido por las cosas, no se detiene en muchas sino en pocas o a
veces en ninguna. Es más fácil tener pensamiento mágico que intentar descifrar
la realidad y la verdad de cada cosa insignificante (a los ojos de muchos). No
hay ambición de búsqueda y de aprendizaje porque la comodidad vence, vence la
mente en blanco que produce ver la televisión y vence la obligación de un
trabajo rutinario e inconsciente en pro del desarrollo. Pensar produce poco, es
una realidad. También hay pensamiento mágico cuando entiendo la vida como una
gran espiral de succión, un agujero negro que nos lleva indefectiblemente al
fin, al exterminio, y no a una posible resurrección milagrosa en las orillas de
una playa exótica. A veces pienso que mi literatura, mis metáforas, están más
cerca de la belleza mágica que de la progresista matemática.
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