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domingo, 7 de junio de 2015

El Ascenso A La Montaña


Quisiera ser infinito ahora que las voces anuncian el fin, ahora que siento a dios tan cerca. Soy un fuego ardiendo en un deseo de un recuerdo, mil deseos. Peleo contra mí mismo por algo de fuera, cosa que hace tiempo que no sucedía; y estoy contento porque eres tú, mi simple complejo, mi dolor, mi reto, mi fin. Has sido y no te lo he dicho, eres tú y temo decírtelo, eres tú y te lo debo, por arder en tu siempre con mi ahora. Ahora, que lato arrítmico y loco y borracho, es cuanto más vale y es cuando peor lo digo, porque sólo se hablar de lo mismo, mi tremendo discurso de magias y laberintos. No te digo gracias, te digo dale, trepa, sube, sufre, siente, sueña. Qué de mierda son las palabras cuando deben decir la verdad, alabar un nombre que no es el mío, abrir otros ojos, resistir otro corazón, besar tus labios. Me voy contigo con todo, con el pensamiento cuando no estás, con el cuerpo cuando no estás, con todo cuando no estás. Quisiera decírtelo sin decirlo, tan en silencio, bajito, y te espero tras cada sombra que me creo, tras cada momento que vivo, en todas las cosas que vivo. Me pierdo entre mis miedos, entre mis drogas, ante mis muros que te enfrían y alejan; pero soy también un fuerte pequeño, un duendecillo guerrero, un silencio, el nuestro. No se hacerlo, ya lo sabes, vas deprisa, yo lo entiendo, subiste arriba tantas veces que ya no es ilusión sino recuerdo. Aquí debajo queda mineral y escoria, quizás debamos seguir distinguiendo...

jueves, 20 de noviembre de 2014

Y El Muerto Respira


Me han echado del grupo de fumadores; ya no me aceptan [...] Y rechazo cualquier postura; estoy inquieto porque quiero decir que no hacen falta grandes disertaciones, sino profundas historias dichas con escuetas y precisas palabras. Luego pienso que hay mucho que decir cuando empiezo a escucharme, y me suelto, y fumo, porque así suben pulsos al cerebro, los que nadie ve pero los que todos sienten. Yo los escribo del mismo modo que lamo tus senos y sólo a mí a pan me saben: jardín de sabores. Y luego escribo porque pienso en las grandes figuras escritoras y se me caen los anteojos al suelo, por torpes manos las mías que tiemblan, como la voz, como el pensamiento cuando recuerdo a las grandes figuras del texto. El silencio es de nuevo el arte, rápido, como el buen sexo, infantil, de llanto, eterno, de risa fácil y sincera oculta tras el gesto moderno, elocuente, estudiado. Paz. [...] No causa la oscuridad en el adulto miedo, sino desconocimiento y derrota por pensar que queda poca vista; pero es por eso que el adulto ve poco: porque no quiere ver que aún sigue teniendo miedo. Miedo a crecer y a no ver lo poco que hay en todo y que en cada momento algo se convierte en todo aunque mañana sea pequeño. Amor, claro, no me gusta cazar mariposas cuando su fin es vivir su máximo albedrío. Y de repente, cuando las cosas vuelven a tener sentido, se me pronuncia una voz ronca dentro que me espeluzna y me hace callar.