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jueves, 19 de marzo de 2020

La Gran Cadena Invisible Que Sostiene Al Mundo

Los profetas están hundidos 
Y paseamos el resto perdidos
Con el ceño fruncido. 
Ansío el ignorante abrazo
Que entorno no mira receloso,
Los saltos, los brincos. 
¿Quién decide cuándo sonrío?
¿Quién decide mi camino?
Todos unidos 
Lo tenemos delante brillando
Y no lo vemos y sólo 
Ausencia y silencio sentimos.
Me difumino, vapor de hielo y miedo, 
No tengo fuerzas ni para mentir
Ni para salir a la calle
Donde mis hermanos ansían 
El abrazo que yo ansío. 
No son los brazos, ni el cuerpo, 
Ni las palabras ni los gestos,
Sino algo que no sabemos ni entendemos.
Los religiosos están de luto,
Siempre muriendo, 
Y los buscadores perdidos
Sin saber comprenderlo. 
¿Quién decide cuándo fluyo?
¿Quién decide cuándo crezco?
Mientras, los pájaros silban
Y crecen pacíficas las flores, 
Ausentes de todo, en otro sitio,
Cumpliendo su instinto;
Samsara invertido
Pues explican a los dioses
Y a los poderosos
El por qué hemos venido.
Buen momento para ser pequeño,
Bicho, flor, ave o perro
Ausentes de miedo
Felices de seguir viviendo...

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Grandes Inteligencias En Sentidos Opuestos


No entiendo cómo pueden existir a la vez sectores de la sociedad que inviertan muchísimo tiempo estudiando para hacer el bien, para intentar sanar, para hacer más felices al resto o hacerlos sonreír (sector donde me gustaría pensar que me encuentro), y otros sectores que se dediquen a estudiar para todo lo contrario: para reírse de los demás, para robar el dinero a los que pagan debidamente sus deudas, para pleitear contra los pacifistas, para hacer sufrir sin motivo alguno...y es que cuando intento ver el mundo positivo, como mis inteligentes padres me lo enseñaron, hay algo que me explota dentro y me da rabia por lo diferente que lo veo. Y es que irme hacia el otro lado me da más rabia todavía, porque no quiero ser uno de ellos, no quiero robar porque soy feliz con lo más mínimo y peleo con legalidad para realizar mis sueños más caros, porque soy feliz haciendo el bien, ayudando al otro y no ahogándolo en sus miserias, porque agradezco los pequeños gestos e intento devolver algo más de lo que recibo, porque no me puedo quejar de mi mundo si hago todo lo que puedo para que sea bueno. Sigo sin entenderos, tampoco entiendo cómo malgastáis vuestra tremenda inteligencia en hacer daño, pues la misma, dada la vuelta, os haría ricos a costa de vosotros mismos y no del resto. No soy yo quien va a cambiaros, mi trabajo está hecho, para labrar mi paz y mi armonía, soy pacifista, no libro absurdas guerras, la mía conmigo mismo y los míos, suerte en las vuestras.

domingo, 7 de junio de 2015

El Ascenso A La Montaña


Quisiera ser infinito ahora que las voces anuncian el fin, ahora que siento a dios tan cerca. Soy un fuego ardiendo en un deseo de un recuerdo, mil deseos. Peleo contra mí mismo por algo de fuera, cosa que hace tiempo que no sucedía; y estoy contento porque eres tú, mi simple complejo, mi dolor, mi reto, mi fin. Has sido y no te lo he dicho, eres tú y temo decírtelo, eres tú y te lo debo, por arder en tu siempre con mi ahora. Ahora, que lato arrítmico y loco y borracho, es cuanto más vale y es cuando peor lo digo, porque sólo se hablar de lo mismo, mi tremendo discurso de magias y laberintos. No te digo gracias, te digo dale, trepa, sube, sufre, siente, sueña. Qué de mierda son las palabras cuando deben decir la verdad, alabar un nombre que no es el mío, abrir otros ojos, resistir otro corazón, besar tus labios. Me voy contigo con todo, con el pensamiento cuando no estás, con el cuerpo cuando no estás, con todo cuando no estás. Quisiera decírtelo sin decirlo, tan en silencio, bajito, y te espero tras cada sombra que me creo, tras cada momento que vivo, en todas las cosas que vivo. Me pierdo entre mis miedos, entre mis drogas, ante mis muros que te enfrían y alejan; pero soy también un fuerte pequeño, un duendecillo guerrero, un silencio, el nuestro. No se hacerlo, ya lo sabes, vas deprisa, yo lo entiendo, subiste arriba tantas veces que ya no es ilusión sino recuerdo. Aquí debajo queda mineral y escoria, quizás debamos seguir distinguiendo...

jueves, 2 de mayo de 2013

Se Acaba La Vida


Muchas noches no me dejo dormir y espero desde el balcón a que aparezca una luz verde y brillante surcando el cielo, o espero en la cama a que venga cualquiera a acostarse a mi lado. No me dejo dormir aunque esté muriendo de sueño, porque así transgredo todo lo impuesto contra lo que inhumanamente lucho, para sentirme libre, fuerte y único. En esa lucha nace una de mis enfermedades, que, cuando el cuerpo no resiste, se manifiesta como náuseas, vértigos, vómitos y mareos. No me siento a gusto siendo fluido, dejándome llevar por los sitios por donde no quiero ir, pero es difícil romper la piedra a fuerza de falanges, de puñetazos, y el ímpetu de las aguas frenéticas que recorren entre esos muros de piedra, me arrastra cegado e impasible hacia la muerte, sin apenas dejarme apear por semanas, sin dejarme disfrutar del sabor de un café y del humo que envuelve las palabras que escribo. Hoy lo tengo, hoy estoy quieto y escribo, pero en toda esa vorágine pienso cuando, mañana, no pueda despertar al placer de no estar ligado al tiempo, a la norma, al cuerpo débil, a la enfermedad, a la obligación, a los modales, a la ansiedad y a la prisa. Muchas veces no me dejo dormir y me mantengo despierto, como adorando mis propios pensamientos, como si nunca hubiera un mañana para seguir pensando y escribiendo, porque sé que, tras un ahogo tonto, se acaba la vida.